(Reproduzco aquí otro artículo de la brillante publicación Contrapunto: Saqueo y resistencias. En esta ocasión, el texto es de Raúl Zibechi. Es un brevísimo artículo sobre el nuevo impulso zapatista y el proyecto conocido como “escuelita”. Vale la pena tomarse unos minutos para leerlo).

Foto cc by-nc Agustine Sacha - http://www.flickr.com/photos/agustine_yo/7242675390/

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La irrupción de 40 mil indígenas en cinco cabeceras municipales de Chiapas el 21 de diciembre de 2012, marcó el retorno del zapatismo al escenario político mexicano y mundial. La contundente y disciplinada movilización, mucho más numerosa que las acciones armadas del 1 de enero de 1994 con las que el EZLN se daba a conocer, mostraron el crecimiento cuantitativo del movimiento luego de siete años a la defensiva. Desde las elecciones presidenciales de 2006, que llevaron al gobierno a Vicente Fox mediante un fraude que impidió el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, el zapatismo se encontraba a la defensiva. Buena parte del centroizquierda los acusaba de ser los responsables de la derrota del candidato opositor por haber llamado a sus bases a no votar.

Las masivas movilizaciones populares contra el fraude y las críticas frontales del subcomandante insurgente Marcos a López Obrador, sellaron una distancia infranqueable entre las bases sociales de ambos sectores y sacaron durante largo tiempo al zapatismo de la agenda política y de la atención de los medios. Luego de años de invisibilidad y silencio, brevemente interrumpidos por comunicados ocasionales y algunas movilizaciones, la reaparición del zapatismo, en fecha significativa para las culturas mayas, se produjo pocas semanas después de la asunción del presidente Enrique Peña Nieto que supone el retorno del PRI (Partido de la Revolución Institucional) al gobierno.

Desde su reaparición hasta mediados de marzo, el EZLN ha difundido 28 comunicados, entre los que destacan dos largas series tituladas “Ellos y Nosotros” y “L@s más pequeñ@s”, respectivamente, donde anuncian los pasos a seguir, la nueva orientación estratégica y la concreción del primer objetivo que consiste en la realización de una “escuelita” a la que invitan a los adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.

La reaparición del EZLN combina la reafirmación de posiciones históricas (entre las que habría que destacar el rechazo al escenario electoral y a la construcción de organizaciones homogéneas y centralizadas) con nuevos desarrollos que implican una relación diferente con sus bases de apoyo fuera de Chiapas y, sobre todo, un modo novedoso de intervención entre los sectores populares que consiste en mostrar lo que han sido capaces de construir, que en realidad es enseñar un camino propio y diferente para transformar el mundo.

En las líneas que siguen pretendo trazar de modo muy sintético una descripción de las continuidades y los cambios en la política zapatista. Las primeros se pueden sintetizar en una visión del mundo por fuera de los marcos institucionales y del tipo de organizaciones a construir, mientras los segundos muestran el nacimiento de una práctica revolucionaria que va más allá de la “prefiguración” de un mundo nuevo, anclada en la construcción de ese mundo aquí y ahora.

Mirar abajo, no arriba

Los primeros cuatro comunicados de la serie “Ellos y Nosotros” definen los enemigos a combatir, “los no”, como los denominan, o sea contra qué luchan. Básicamente el sistema capitalista, pero también la clase política que lo sostiene, que incluye tanto a la derecha como a la izquierda. El comunicado “La Sexta” dirigido a los adherentes, reafirma también algunas ideas básicas de la organización. “Nuestro pensamiento no es el de construir una gran organización con un centro rector, un mando centralizado, un jefe, sea individual o colegiado” (EZLN, 2013a).

Defienden la “unidad de acción” pero no como resultado de organizaciones piramidales sino respetando los modos de hacer de cada integrante. No es la primera vez que el EZLN formula esta idea, pero ahora lo hacen de un modo muy explícito. En el mismo comunicado profundizan su concepción sobre las organizaciones tradicionales:

Nosotros estamos convencidos que todo intento de homogeneidad no es más que un intento fascista de dominación, así se oculte con un lenguaje revolucionario, esotérico, religioso o similares. Cuando se habla de “unidad”, se omite señalar que esa “unidad” es bajo la jefatura del alguien o algo, individual o colectivo. En el falaz altar de la “unidad” no sólo se sacrifican las diferencias, también se esconde la supervivencia de todos los pequeños mundos de tiranías e injusticias que padecemos” (EZLN, 2013a).

Es posible que este análisis sea consecuencia de la experiencia vivida con los partidos de izquierda que participaron en La Otra Campaña a lo largo de 2006, con los que tuvieron no pocos desencuentros. Tanto los partidos de izquierda como la mayor parte de los intelectuales tomaron distancia del EZLN ante lo que consideraron una actitud excesivamente crítica hacia la campaña de López Obrador, precisamente porque apuestan a la “unidad” de las izquierdas. En el mismo comunicado anuncian que no volverán a caminar junto a los que se acercaron para sacar provecho político de la Otra Campaña pero “se desaparecen cuando llegan los chorros de agua de los tranques antimotines”; tampoco con los que “aparecen cuando hay templetes (…) y se desaparecen a la hora del trabajo sin bulla”. A la vez denuncian a “los profesionales de las asambleas, sus técnicas y tácticas para reventar reuniones de modo que sólo ellos, y quienes les siguen, queden para aprobar sus propuestas”.

Frente a esas prácticas que definen como vieja cultura política, se comprometen a no cooptar, reclutar, dirigir, subordinar, usar, a quienes trabajen en la Sexta, defendiendo “la diferencia, la heterogeneidad, la autonomía de los modos de caminar”. Como consecuencia de lo que aprendieron en siete años de ostracismo, “haremos cambios en el ritmo y la velocidad del paso, sí, pero también en la compañía” (EZLN, 2013a).

En paralelo, reafirman su particular división del mundo entre “los de arriba y los de abajo”, los que tienen y los que no tienen. Esta división del mundo no es clasista ni científica, pero tiene la virtud de que propone categorías que atraviesan todas las categorías: género, etnia, clase, sexualidad, raza, nacionalidad. Esa división del mundo va de la mano del deseo de construir espacios con las mismas características que tienen los de abajo: “rebelde, hereje, grosero, irreverente, molesto, incómodo” (EZLN, 2013a). Rechazan incluso el concepto de ciudadano, al que consideran “la identidad más tramposa”, ya que borra las diferencias sociales. En este punto, el discurso zapatista recupera la tradición de resistencia anticolonial defendida por Frantz Fanon, quien destaca la existencia de “dos zonas”, la del opresor y la del oprimido, que no tienen punto de contacto ya que para el explotado “no hay transacciones, no hay posibilidad de arreglo” (Fanon, 2011: 47)

Esta opción ya había sido tomada durante la gira que Marcos (entonces Delegado Zero) inició el 1 de enero de 2006 en el marco de la Otra Campaña, viajando miles de kilómetros para encontrarse con los más pequeños colectivos en los más remotos rincones del país, con la idea de contactar otros abajos para construir una amplia red de resistencia. Durante su gira priorizó, por ejemplo, el encuentro con un grupo de transexuales a la alianza con sólidas organizaciones de masas. Una orientación contraria al pragmatismo electoral se reafirma en la última serie de comunicados, que se pueden sintetizar en la frase “no queremos sólo cambiar de gobierno, queremos cambiar de mundo”. Y la apuesta a transformar la realidad desde abajo, por fuera del Estado y de las instituciones.

Los tiempos, el tiempo

“Nuestra palabra que les proponga iniciativas organizativas, políticas y de difusión será EXCLUSIVA para quienes nos lo requieran y aceptemos”, señala el comunicado La Sexta (EZLN, 2013a). Días antes, el 30 de diciembre, en un comunicado titulado “El EZLN anuncia sus pasos siguientes”, advierten que “a partir de ahora, nuestra palabra empezará a ser selectiva en su destinatario y, salvo en contadas ocasiones, sólo podrá ser comprendida por quienes con nosotros han caminado y caminan, sin rendirse a las modas mediáticas y coyunturales” (EZLN, 2012). Hasta ese momento, y durante 19 años, el EZLN había lanzado convocatorias y propuestas al conjunto de personas que quisieran escucharlos, abriendo la posibilidad de que cualquiera se sumara a sus iniciativas. Ahora anuncian que van a elegir con quién caminar y aseguran que los comunicados que emiten no son para todos, y por ese motivo ponen contraseñas a sus textos que sólo hacen conocer a los adherentes (aunque luego se difundieron masivamente).

Se trata de un punto de quiebre, un pasar raya que dice que sólo van a trabajar con algunas personas, las que crean adecuadas porque comparten su estilo de hacer, ya vivan en México o en cualquier rincón del mundo. Se trata de una concepción de la política diferente a la tradicional, que tiene muy pocas afinidades con lo que en las izquierdas suele entenderse por política: actividades que tienen como referencia el Estado (Bobbio, 1994: 1215). Por el contrario, la política “desde abajo” que defiende el zapatismo está en sintonía con el katarismo, que considera que “la derecha y la izquierda vienen de la misma matriz civilizatoria cultural occidental”, en la que incluyen también al capitalismo y al socialismo (Yampara, 2010:191).

Esta concepción o cosmovisión está anclada en una visión del mundo que dice que hay sólo dos matrices civilizatorias, en sintonía con el pensamiento del sociólogo egipcio Anouar Abdel Malek (recuperado por Immanuel Wallerstein): la indoaria y la china. Por encima de las relaciones de producción, reproducción y poder social, o sea por encima de la división de la sociedad en clases, “la diferencia crucial está en las relaciones con la dimensión-tiempo” (Wallerstein, 1999: 32). Trazan, por tanto, una línea divisoria con la cultura política eurocéntrica que, aterrizando algo bruscamente, se traduce en la mirada del tiempo corto de la economía y de la política electoral, complementarias y funcionales (en esa particular mirada) con el sistema-mundo capitalista.

En consecuencia, los zapatistas proponen a quienes simpaticen con su modo de hacer, acercarse a conocer directamente lo que han hecho estos seis años desde que lanzaron la Otra Campaña y en los 30 desde que ingresaron en la Selva Lacandona. Aseguran que han mejorado significativa sus condiciones materiales, a tal punto que “nuestro nivel de vida es superior al de las comunidades indígenas afines a los gobiernos en turno”; que los comuneros afines al PRI asisten a los hospitales, clínicas y laboratorios zapatistas donde encuentran mejor atención; que sus escuelas enseñan la “propia historia”; y, sobre todo, “gobernamos y nos gobernamos a nosotros mismos, buscando primero siempre el acuerdo antes que la confrontación” (EZLN, 2013a). Para difundir estas realidades invitan a sus simpatizantes a acudir a una “escuelita” de seis días en el mes de agosto que se impartirá en los cinco caracoles, donde estarán en contacto directo con las bases de apoyo como alumnos, en tanto los docentes serán indígenas zapatistas.

Esto quiere decir que los que asistan no van a escuchar a los comandantes y subcomandantes sino a la gente común. A los alumnos se les repartirán libros de texto donde podrán leer intervenciones de las bases de apoyo, fragmentarias y deshilachadas por cierto, que siguen el guión de los “siete principios del mandar obedeciendo”, que orientan la actividad de las Juntas de Buen Gobierno: “Servir y no Servirse; Representar y no Suplantar; Construir y no Destruir; Obedecer y no Mandar; Proponer y no Imponer; Convencer y no Vencer; Bajar y no Subir” (EZLN, 2013b).

Un ejercicio masivo de escucha, una suerte de ritual que comienza con tres días de fiesta y continúa con seis más de escuela. En agosto los zapatistas abren su corazón, su mundo interior, a militantes de todo el mundo. Pero no de cualquier modo, sino a la manera india-zapatista: no importan los
porqué sino los cómo; no se trata del acceso a un saber revelado, racional, porque no estarán ante un saber disponible “que pudiera ser encerrado o almacenado, menos enajenado de un sujeto, sino que exige el compromiso del sujeto que lo manipulea” (Kusch, 1977: 63). Si es cierto que estamos ante el nacimiento de una nueva cultura política, ésta no puede ser explicada sino vivenciada, se trata de un saber que no se trasmite, al que sólo se puede acceder a través de un ritual de compromiso, o sea estando y compartiendo.

Siguiendo al propio Kusch, y a un amplio conjunto de pensadores indígenas [1], esa cultura política no puede trasmitirse al estilo tradicional, a través de una línea política apoyada en folletos, libros, conferencias y charlas. Esta política es más “un saber para vivir”, que se puede “criar”, “multiplicar” y, muy en particular, “dejar efectuar” (Kusch, 1977: 75). No es en absoluto un saber codificado que se dirige “con prioridad a los elementos más conscientes”, según la crítica de Fanon a los partidos revolucionarios; trabaja de otro modo ya que tiende a “multiplicar como sementera”, en la conocida fórmula de Kusch, o sea sembrar sin cosechar, sembrar como actitud ritual de vida, confiando en que el tiempo hará, también, su trabajo.

Notas

[1] Silvia Rivera Cusicanqui, Luis Macas, Sabino Romero, Felipe Quispe, Simón Yampara, Félix Patzi, Floriberto Díaz, entre otros.

Bibliografía

Bobbio, Norberto et al (1994) Diccionario de política, México, Siglo XXI.

Ejército Zapatista de Liberación Nacional (2012) “El EZLN anuncia sus pasos siguientes”, 30 de diciembre, en http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2012/12/30/el-ezln-anuncia-sus-pasos-siguientes-comunicado-del-30-de-diciembre-del-2012/

Ejército Zapatista de Liberación Nacional (2013a) “Ellos y Nosotros. V. La Sexta”, enero, en http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2013/01/26/ellos-y-nosotros-v-la-sexta-2/

Ejército Zapatista de Liberación Nacional (2013b) “L@s más pequeñ@s. 2. ¿Cómo se hace?”, febrero, en http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2013/02/22/ellos-y-nosotros-vii-ls-mas-pequens-2-como-se-hace/

Fanon, Frantz (2011) Los condenados de la tierra, Pamplona, Txalaparta.

Kusch, Rodolfo (1977) El pensamiento indígena y popular en América, Buenos Aires, Hachette.

Wallerstein Immanuel (1999) El legado de la Sociología, la promesa de la ciencia social, Caracas, Nueva Sociedad.

Yampara Huarachi, Simón (2010) “Los kataristas en el proceso político boliviano”, en Historia, coyuntura y descolonización. Katarismo e indianismo en el proceso político del MAS en Bolivia, La Paz, Pukara.

 

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