La muerte es hermosa, cuando va a su ritmo. Es así porque nos ayuda a disfrutar de la vida, nos recuerda que lo importante es aquí y ahora. Un día, sin esperarla llega; aunque a veces nos toca esperarla mucho y otras viene demasiado rápido.

Lo importante de la muerte es no trastocar su cadencia. Te vas dando cuenta con los dolores de espalda, con los pelos que salen donde no deben, las tetas que caen, el pene que no levanta, las rodillas que ya no sirven para hacer deporte, o los ojos que de un día al otro necesitan asistencia. Es la muerte en su hermoso ritmo de vida que se va mostrando.

Cuando la muerte cambia su vibración y se aparece de golpe, es tan feo que no da tiempo ni de despedirse, pero lo peor es la muerte lenta. No es la cadencia habitual, sino es un poco más rápido: aunque no lo suficiente para permitir despedirte. Es una despedida diaria y cotidiana.

La ciencia se puso del lado de papá y devolvió la cadencia por mucho años más y nos acompaña y ha sido el firme cuidador. A mamá la ciencia no le llegó, al igual que su mamá. Y la pesadilla se repite.

En estos días, nos toca despedirnos de mamá aún estando viva, pero mueriendo hace ya 6 años. Es una sensación que solo le deseo a dueños de bancos y genocidas.

A los que leyeron hasta acá, salgan afuera y disfruten de que la muerte les está llegando a su ritmo, respiren ese sol, disfruten esa lluvia, padezcan ese frío. Solo existe el hoy.

Categorías: Delirio

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