Ayer hicimos nuestra prime caminata por Delhi. Fue una experiencia muy extraña, como hacía mucho tiempo no me pasaba.

Nos tomamos el metro en la estación que está cerca de este ostentoso hotel y partimos al mercado Karol Bagh que nos había recomendado Marco. En el metro, es complicado pues hay muy pocas mujeres y tienen reservado algunos pocos asientos. Por ello, Mari terminó sentada junto a una chica mientras yo conversaba parado a su lado. Al final nos dio charla, en ese inglés tan extraño que tienen los indios y se bajó en la misma estación que nosotros.

Allí comenzó el caos. Gente como hormigas, colores, olores y en todo momento el sonido de las bocinas de autos y motos que son tocados como ritual. No hay un lugar, salvo alguno encerrado y bien aislado, desde donde no se escuchen las bocinas. Caminamos durante unos 30 minutos por el mercado Karol Bagh, que es una especie de Mercado 4 o Tristán Narvaja pero más roto, más sucio y con presencia eminentemente masculina.

Apreciamos algunos de los locales que ofrecían comidas extrañas y semillas y cosas de esa índole, pero no nos cautivó demasiado y sobre todo Mari decía que yo estaba muy nervioso y que además ese lugar no le gustaba. Es claro que la pobreza, la carencia, la locura, lo exótico, el ruido se entremezclaban para sacudirnos de nuestros «mundos de vida» y eso lo sufrimos cada uno a nuestra manera.

Por tanto decidimos movernos en dirección hacia otro lugar que nos recomendó Patricia, llamado Connaught Place. El tema fue que decidimos caminar, para disfrutar y sentir mejor el lugar en vez de tomar metro.  Allí fue donde la aventura se amplió más: caminando por calles sin veredas, por esquivando autos y motos que se entrecruzaban a lo loco y nunca dejando de tocar bocinas. Casas viejas, rotas y desordenadas, todo muy gris y polvoriento se entremezclaban cada tanto con algunos locales comerciales. Mucha gente en la calle, sobre todos hombres, humo, agua y fuego, llevándome a lugares tipo MadMax o cosas similares que ofrecen algunas películas distópicas.

Dentro de todo, no sentimos miedo, sino algo de nerviosismo y sobre todo tuvimos que ser muy audaces para cruzar las caóticas calles. Una técnica que adopté, fue la de pegarme a un locatario y cruzar exactamente como esa persona.

El momento que temí por mi vida fue justamente al cruzar una de las últimas avenidas antes de llegar a Connaught Place ya que autos y toc-toc (motos) se venían arriba y literalmente cruzamos entre todo el tráfico. Impresionante haber salido de allí sin ser atropellados.

El place este ya era como volver al mundo anterior; había más gente, más mujeres y locales comerciales. En realidad ni siquiera estaba bueno, pues era demasiado inglés por decir de alguna manera. En lo personal me quedo con los primeros 30 minutos por el Karol Bagh y si fuera sin bocinas mejor.

Categorías: Viaje

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