Ayer martes fue un día muy especial. Teníamos que salir hacia Jaipur por la tarde, por lo que decidimos dar un paseo por el pueblo, hacia donde está una cascada.

Ya el lunes habíamos hecho toda una aventura que nos había insumido todo el día. Desde las 4 am, salimos junto a nuestro guía Raj y tomamos una camioneta que nos llevó a un lugar muy alto donde hay un templo. Allí tomamos un chai (te con leche), nos calentamos con un fueguito y vimos el amanecer que fue impresionante.Luego desayunamos algo que Raj nos cocinó y jugamos un rato con los monos.

Partimos en una caminata por entre los pies del Himalaya, transitando por pueblitos con granjas y vacas y señoras que cargaban leñas y niños.

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Por el camino el guía nos propuso trepar un enorme árbol que estaba al borde de un barranco. La verdad sonaba muy divertido y Raj se puso muy feliz al ver que vencimos el miedo accedimos subir. Fue todo un tema vencer el miedo y la gravedad. Algo que nos dijo cuando estábamos arriba: no se vayan a caer que no hay ningún médico cerca.

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El siguiente desafío fue bañarnos en una gran cascada de agua muy fría. Me costó muchísimo meterme en el agua, pero lo conseguí, sumergiéndome muy de a poco y aplicando técnicas de regulación térmica paulatina.

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Tan cansado quedé de la gran aventura que comenzó a dolerme la rodilla derecha; es que ya no tengo 20 años y sobre todo no soy gran deportista. Luego de tal travesía, de jugar con los monos y de descansar un rato en la habitación, salimos a cenar una vez más la increíble comida india y después nos fuimos a escuchar algo de música hippie y a tomar te de diferentes tipos. Allí conocimos a un uruguayo que tenía muchas ganas de hablar y con el que dialogamos un rato largo.

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Pero volviendo al martes, fuimos 4 los que salimos caminando por el pueblo: Santi, Scan, Mari y yo. Rishikesh es un típico pueblo indio: mucha mugre, vacas por doquier, muchos olores y fogatas que usan para calentarse y reducir la basura. De todos modos, el paisaje montañoso y el hermoso Ganges le dan a este lugar un encanto muy especial.

Además aquí hay muchos puestitos de artesanos y otros vendedores, ya que es la capital del yoga y sus derivados. No hay un lugar donde posar la vista que no se vea una referencia la yoga o similar. Templos los hay por doquier y gente vestida de extrañas y diversas formas también. En lo personal me hubiese quedado allí 5 o 6 días, pero la agenda nos obligó a seguir camino.

Volviendo a la caminata, seguimos algo así como una hora, entre monos, vacas, motos con sus bocinas, hasta que todo ello fue quedando atrás. Siempre con el majestuoso Ganges a la izquierda hasta que encontramos un camino que supuestamente llevaba a la cascada.

Cuando comenzamos la subida, un joven locatario también comenzó a subir. Este lugar es en uno de los pocos por donde anduvimos, donde no se escucha el demencial bocineo de motos y autos que taladran como martillo cualquier intento de estar en paz.

En cierto momento el chico que subió comenzó a hablarnos y nos pidió que no gritáramos ya que los elefantes podrían escucharnos y no suelen llevarse bien con los humanos, por causa de ciertos encuentros desafortunados que ocurren cuando los elefantes bajan al pueblo.

Rakesh, como se llamaba el chico, nos dijo que podía llevarnos a otra cascada, más grande y escondida, donde la gente no suele llegar, pero solamente si manteníamos el secreto. Nos explicó que mucha gente anda por allí a los gritos y deja basura por doquier; además nos aclaro en too momento que él era de confianza y que vivía por allí mismo, subiendo una colina. Por tanto, accedimos y seguimos caminata hacia arriba: yo con mis músculos aún doloridos del día anterior y Mari con sus botas de taco medio éramos un dúo difícil de igualar. Subimos unos cuántos metros, creo que algo así como 40 minutos hasta llegar a la cascada que por cierto era muy linda y con un agua muy muy fría.

Yo fui el más osado que llegó exactamente hasta donde estaba la laguna en la propia base de la cascada. Fue muy complicado llegar y más aún volver a salir de allí, me temblaba todo al bajar…. me pegué un susto de aquellos ! Hay algunas fotos que documentan la hazaña. Obviamente, no habría logrado salir de aquel lugar sin lastimaduras de no ser por la ayuda de Rakesh.

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Bajamos ya totalmente muertos y nos tomamos unos “masala teas” y comimos unas papas fritas con verduras por una módica suma. Allí seguimos conversando de los trabajos de guía que hace, de la selva, los animales y las granjas. Fue otro de esos encuentros inolvidables.

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Pasamos tan bien que casi tuvimos que salir a las corridas para lograr atravesar el pueblo, tomar nuestras cosas, cruzar el puente, conseguir un toc-toc y llegar a Hardiwar antes de las 19:20. Toda una odisea que será relatada en el futuro… o no.

Categorías: Viaje

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