Ayer finalmente me encontré con Miyasaki y debo reconocer que me cautivó.

No terminaba de entender el culto a este japonés hasta esto que fue ver El viaje de Chihiro: una forma diferente de experimentar dibujos animados, en pleno auge de Pixar y luego de estar tan saturado de cine Hollywood. Debo reconocer que la película me mantuvo entretenido durante sus dos largas horas de duración; mutación constante y mezcla de emociones y colores. No adelanto mucho más para que se animen a verla.

Por último la banda sonora, espectacular al punto que me quedé escuchando hasta el final de los créditos.

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